Por Guled Mohamed
MOMBASA, Kenia (Reuters) - El guerrero maasai Lempuris Lalasho fue al refugio turístico de Mombasa, en Kenia, para encontrar a una mujer blanca con quien casarse, pero terminó trabajando como peluquero, una profesión que es tabú es su cultura.
Su historia abre una ventana a las presiones a las que se enfrenta su antigua tribu mientras se ajusta a la vida moderna en la segunda mayor economía del este de Africa, cuyas playas del Océano Indico atraen miles de turistas, incluyendo mujeres en busca de sexo.
En las playas de Kenia y en sus reconocidos parques de safari es común ver a los guerreros maasai, vestidos en sus distintivas túnicas rojas y luciendo collares de joyas. Con frecuencia se desempeñan como guías o trabajan en seguridad.
Pero a veces, los ansiosos jóvenes que acuden a la costa con la esperanza de amasar fortunas -algunos de ellos soñando con casarse con una turista blanca- deben ir en contra de sus tradiciones.
El estatus de Lalasho como moran significa que está encargado de proteger y mantener a su pueblo, lo que hace que su trasgresión sea algo más seria.
A los guerreros maasai no se les permite tocar la cabeza de una mujer: en la cultura patriarcal está considerado degradante.
Los que se convierten en peluqueros corren el riesgo de ser maldecidos por los ancianos, o incluso podrían ser expulsados de la comunidad.
"Si mi padre se entera de lo que estoy haciendo se enojará mucho conmigo o incluso me echará de casa", dijo Lalasho, quien proviene de Loitoktok, cerca del monte Kilimanjaro en la frontera con Tanzania.
"Pero tengo que comer, ese es el motivo por el que rompí el tabú, la vida en la ciudad es muy cara", explicó.
Se estima que entre 500.000 y 1 millón de maasai viven en aldeas dispersas y remotas por todo el norte de Tanzania y el sur de Kenia, llevando una precaria existencia semi nómada con manadas de preciadas vacas.
Mientras la sequía y el hambre se hacen sentir más duramente en sus hogares rurales debido al cambio climático y la competencia cada vez mayor por los recursos, cientos de hombres maasai están trasladandose a los pueblos y ciudades.
TRENZANDO CABELLOS
En centros turísticos como Mombasa, estos hombres terminan como empleados de hotel, guardias nocturnos, herbalistas y peluqueros.
Lalasho, quien es analfabeto y no sabe su edad, se inspiró en la buena suerte de un amigo, Leishorwa Mesieki.
"Mi amigo Leishorwa ahora es rico. El se casó con una mujer mzungu (blanca) quien se lo llevó a (...) Nueva Zelanda ¿o es acaso Suiza? No lo sé. Regresó y construyó una casa enorme y compró tantas vacas. Lo envidio", agregó, sacudiendo su cabeza.
Lalasho no tuvo tanta buena suerte y se vio forzado a usar sus cualidades para trenzar el cabello, que aprendió durante su iniciación para ser "moran" en un matorral cerca del monte Kilimanjaro.
Los "moran" aprenden a tejer el cabello en forma de finos dread-locks al estilo rasta durante su iniciación, la cual transcurre cuando los varones entre 17 y 20 años. El cabello de los guerreros es con frecuencia teñido de rojo, y el estilo es popular entre las mujeres de las ciudades.
Para el anciano maasai Michael Ole Tiampati, el destino de hombres como Lalasho amenaza la cultura maasai general.
"Es abominable y degradante para un hombre moran o maasai tocarle la cabeza a una mujer", dijo Tiampati, encargado de medios del Foro para la Sociedad Civil Maa, que protege las tradiciones maasai.
"Han ido en contra de su fibra cultural (...) Ellos deben pagar el precio para ser nuevamente aceptados en sociedad", sentenció.
CULTURA EN RIESGO
Los maasai de Kenia están ubicados en la pintoresca región del Gran Valle del Ridt, hogar de la famosa reserva natural Maasai Mara. Pero la tribu que le dio su nombre al parque se beneficia poco con el turismo, que se encuentra entre los tres mayores generadores de ingresos extranjeros del país.
Esta falta de ingresos lleva a muchos jóvenes maasai a volcarse a otras actividades, pero su creciente renombre en los centros turísticos ahora está generando competencia.
Los hombres de tribus como kikuyu o Samburu se disfrazan de maasai en las playas de Mombasa y otros lugares.
"Los turistas extranjeros aman a los maasai por su sinceridad. Somos gente de buen corazón y no nos sentimos celosos", dijo Lalasho.
Tiampati es más explícito.
"Los guerreros (maasai) son vistos como eróticos, ese es el motivo por el que mujeres mayores europeas vienen en busca de ellos. Los guerreros toman muchas hierbas para retonificar sus cuerpos", aseveró.
La tendencia de la copia ha enfadado a algunos maasai.
"Es el principio del fin de la cultura maasai. Pronto nuestra tradición sólo existirá en libros (...) Yo les advierto a los turistas que sean precavidos con estos maasai impostores", indicó el guía turístico Isac Oramat en Nairobi.
Pero para los "moran" en Mombasa, la supervivencia ahora tiene prioridad por sobre la conservación de sus modos tradicionales.
"No he ido a la escuela. Esto es lo único que puedo hacer", dijo el peluquero Ole Sambweti Ndoika, de 35 años.
"A las mujeres de aquí les encanta nuestro estilo. Nos pagan bien (...) Espero poder ahorrar lo suficiente como para casarme con mi segunda esposa (...) para fin de año", sostuvo el hombre, padre de cuatro hijos de Narok en el Valle del Rift.
Longishu Nyangusi, de 25 años, quien también trabaja como peluquero y al igual que Lalasho vino a Mombasa para encontrar una esposa entre las turistas blancas. Dice que su falta de conocimiento del inglés lo ha retrasado.
"Podría haber encontrado una mujer blanca ya. Me arrepiento de haberme negado a ir a la escuela. Fui engañado por nuestras vacas gordas y pensé que la vida era buena", manifestó.
(Editado en español por Marion Giraldo)
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